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Fin y consecuencia

Toda la Tierra tenía una misma lengua. Usaba los mismos vocablos.
Y los hombres quisieron alcanzar el Cielo construyendo una Torre.
Génesis 11

Es martes, día del dios griego Ares, al que los romanos llamaron Marte. En la mesa del directorio se está definiendo la estrategia para los próximos tres años. Se acerca el final de la reunión y hay que votar. Es el momento de definir el objetivo trienal.

Es martes, día de guerra. Un sereno director de corbata azul, sentado del lado oriente de la sala, propone que el objetivo se base en la Misión, es decir, en el aporte social que se propuso la empresa desde su fundación. Pero otro más joven, de corbata roja, sentado en el lado opuesto, se opone. Responde -con razón- que la empresa ha crecido y necesita mayor renta. Afirma -sin razón- que en definitiva toda empresa tiene ese fin.

Es martes, día del planeta rojo. Los directores discuten y el presidente decide posponer la reunión para el día siguiente. Al levantarse, el joven directivo que propone centrarse solo en la renta, hace una pregunta en voz alta: –¿Si las empresas son organizaciones con fines de lucro, por qué nuestra compañía tendría que tener un objetivo diferente?

Es miércoles, día de Mercurio, dios romano del comercio. La mesa directiva está a punto de decidirse por la propuesta del director de corbata roja. Con la pregunta del día anterior la mayoría acuerda que el fin es la renta, la ganancia, el lucro. Pero antes de votar miran al veterano del lado oriente, que lleva la misma corbata azul del día anterior. Entonces el hombre hace una pregunta: –¿Conocen la diferencia entre fin y consecuencia?

Es miércoles, día del planeta más cercano al sol, a la luz y al fuego. El veterano director azul -digamos así- responde él mismo la pregunta que acaba de formular: –Un fin es un objetivo. Una consecuencia, en cambio, es posterior al objetivo, es consecuente al fin. Y luego de un silencio agrega: –Nuestra empresa no es una organización con fines de lucro. Somos una organización que tiene un fin social con consecuencia de lucro. El hombre remarca las dos palabras: “fin” y “consecuencia”. Ambas son luz, o fuego. Luz para el buen entendimiento. Fuego para el malentendido.

Es miércoles, día propenso para los negocios y la comunicación. El director joven mira al veterano, levanta el pulgar y asiente con una sonrisa. Cae la Torre de Babel. Desaparece la contradicción entre fin y consecuencia, entre martes y miércoles, entre corbata roja y azul. El directorio define que la estrategia trienal reafirme la Misión basada en la finalidad social que le dio origen a la empresa. El fin será generar un aporte extraordinario a la sociedad. La consecuencia, alcanzar una renta proporcionalmente extraordinaria.

Manuel Tessi
Escritor, conferencista, académico y asesor especializado en Comunicación Interna.
Experiencia desde 1987 en LatAm, EEUU, España, Francia e Inglaterra.

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