– ¿Qué quieres ser cuando seas grande?
Preguntó el adulto con una sonrisa amable.
– Nada.
Respondió el niño sin vacilar.

 

Cuando era niño y me preguntaban “qué quería ser cuando fuera grande” respondía, casi sin dudar, “cantante”. Si bien me gustaba el arte y la música, mi respuesta no era por eso, sino porque a esa edad creía que ser cantante era lo que menos se parecía a trabajar.

“Ser cantante era

lo que menos se parecía

a trabajar”

Desde muy joven sentí que el trabajo era algo negativo, aunque nunca lo decía en voz alta. Si me hubiera animado a responder la verdad a los adultos que me hacían esta pregunta, hubiera respondido: “Nada. Cuando sea grande no quiero trabajar”. El concepto que por entonces tenía del trabajo estaba vinculado a algo lejano a la realización y a la vitalidad. Veía a mi padre irse de casa temprano por la mañana, alegre y entusiasmado y luego, por la tarde (o a veces por la noche) lo veía regresar bastante cansado y ya no tan alegre. Él jamás se quejó de su oficio, pero yo infería, a la luz de esta apariencia, que en ese lugar llamado “trabajo” no podía suceder algo muy bueno. Ese sitio lejano adonde él iba todas las mañanas me quitaba a una persona muy querida y recién me la devolvía tarde, a menudo cansado y, a veces, incluso, preocupado.

“Cuando sea grande

no quiero trabajar”

Lo cierto es que hasta que no cumplí 17 años e ingresé a la universidad, mantuve la misma opinión. Yo era un estudiante más entre cientos de compañeros de diferentes carreras y, como ellos, no pertenecía a una familia adinerada, así que era consciente de que al egresar iba a tener que trabajar el resto de mi vida. Ante esta visión, pensaba que una vez que terminara mis estudios debía prepararme para “sufrir dignamente”. Sin embargo, la universidad me hizo ver las cosas de manera diferente.

“Trabajar:

sufrir dignamente”

La primera carrera que estudié fue Relaciones Humanas en la Universidad de Morón, en Buenos Aires. Allí aprehendí (con “h”) que el trabajo humano es una gran posibilidad de superación personal. Mis profesores, no solo con libros y metodologías sino también con casos y experiencias reales, me mostraron que el esfuerzo laboral e incluso el cansancio y la fatiga, podían ser importantes fuentes de motivación. Esas primeras asignaturas, vinculadas a la psicología y la comunicación laboral, fueron tan impactantes para mí que me marcaron para siempre. De alguna manera comprendí por qué mi padre, a pesar de llegar cansado a casa el día anterior, se levantaba vital y contento al otro día para ir a trabajar. De esta manera no sólo cambié una opinión negativa que tuve por casi dos décadas, sino que decidí desarrollarme laboralmente en un sentido contrario al que jamás hubiera pensado. Me propuse ser un trabajador que ayudara a otros trabajadores a ver el trabajo como algo positivo y motivante.

“Ver el trabajo como algo

positivo y motivante”

Es así que desde hace 25 años me desempeño en una especialidad conocida con el nombre de Comunicación Interna, una rama de la comunicación organizacional que gestiona los mensajes que se generan para, por y entre los trabajadores. Como disciplina, la Comunicación Interna ha crecido mucho en la última década ya que, a través de diferentes mediciones, los trabajadores de distintas partes del mundo aseguran que es clave para que su experiencia laboral sea óptima. Esta situación me ha permitido asesorar a empresas y organismos de Latinoamérica, EEUU y Europa y así empezar a cumplir mi sueño universitario. Jamás imaginé que la fuerza negativa que me rigió hacia el trabajo durante mis primeros 20 años de vida se convertirían hoy en su opuesto.

“La fuerza negativa hacia el trabajo

se convirtió en su opuesto”

En 2010, luego de gestionar casos en diferentes organizaciones, comencé estudios para relevar coeficientes de felicidad en el trabajo. Unos años antes empecé leyendo a quienes investigaron el trabajo por un lado o la felicidad por el otro y ahora estoy uniendo esos conocimientos con casos reales y entrevistas a trabajadores de distintos países. Se trata de encuestas o reportajes en video que permiten dejar registro de sus testimonios. Entre ellos aparecen personas muy contentas con su trabajo, aún cuando hacen tareas extremas o sacrificadas. Aparecen hombres y mujeres que se desempeñan en trabajos que muchos de nosotros desecharíamos y que sin embargo logran alcanzar grados de fluidez y motivación que son admirables. Taxistas de grandes ciudades donde el tránsito es un caos (como en Ciudad de México), mineros que trabajan a 4.000 metros de altura o a 1.000 metros de profundidad (como en Chile y Argentina), pescadores que madrugan como nadie, todos los días, incluso los domingos, internándose en el mar con climas realmente adversos (tanto en el Atlántico como en el Pacífico sur), señoras que limpian casas ajenas para mantener a sus hijos (como en toda Latinoamérica), son sólo algunos de los trabajadores que estoy entrevistando.

“La felicidad en el trabajo

es posible”

Con estas experiencias estoy descubriendo que una de las claves que les brinda alegría laboral es poder “hablar” de su tarea u oficio. Esta clave se da en diferentes niveles jerárquicos o clases sociales. Sea un operario de la última línea o el gerente general de una empresa, ambos crecen en satisfacción laboral cuando alguien los escucha con interés acerca de sus experiencia en el trabajo. La comunicación, el lenguaje y el intercambio a través de palabras contando qué es lo que hacen, les permite hallar un significado mucho más profundo sobre el trabajo que realizan y continuar sus jornadas laborales más animados aún.

“El cansancio

vale la pena”

Han pasado más de cuarenta años desde que veía a mi padre volver cansado a casa. Y ahora pienso ¿cómo nunca se me ocurrió preguntarle si valía la pena ese cansancio? Quizás por eso ahora dedico una parte importante de mi tiempo laboral a hacerle esa pregunta a todos los trabajadores que puedo.

 

Manuel  Tessi

© 2013

 

Esta nota fue publicada en octubre de 2013 en la revista “Vitrina Académica”,
medio gráfico de Chile que se dirige a jóvenes universitarios y pre-universitarios

 


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